
Para comprender el origen de Web3, es útil repasar brevemente cómo ha evolucionado Internet en las últimas décadas. Web1 nació a principios de los años noventa y se mantuvo aproximadamente hasta 2004. En ese periodo, Internet apenas comenzaba y la mayoría de los sitios web funcionaban en modo "solo lectura". Los usuarios se limitaban a consumir información publicada por empresas en sus plataformas.
Tras el cambio de milenio, las redes sociales cobraron gran relevancia, marcando el inicio de la era Web2. Esta etapa fue más allá de la navegación pasiva y promovió la creación activa de contenido. Supuso el arranque de la fase "lectura-escritura" de la World Wide Web, permitiendo a los usuarios generar contenido en distintos servidores. Sin embargo, pese a la participación de los usuarios, las grandes corporaciones mantenían el control sobre ese contenido.
Fue entonces cuando Web3 entró en escena. Gavin Wood, cofundador de Ethereum, impulsó Web3 sobre el principio de descentralización de Internet. Este modelo responde a la preocupación de quienes veían que unas pocas empresas privadas concentraban demasiado poder y control sobre Internet, obligando a confiar en ellas para que el sistema funcionara. La alternativa es una estructura totalmente descentralizada que otorga a los usuarios el poder de leer, escribir y poseer su propio contenido.
En esencia, Web3 introduce cuatro características clave que transformarán la web. Primero, su infraestructura es descentralizada, garantizando que ninguna empresa ni grupo reducido controle ninguna parte de Internet. Segundo, Web3 es abierto y sin permisos, lo que permite a cualquier usuario participar y acceder sin barreras. Tercero, opera bajo un sistema sin confianza, eliminando la dependencia de terceros y favoreciendo incentivos económicos para el interés colectivo. Por último, Web3 integra su propio sistema de pagos nativo mediante criptomonedas, eliminando intermediarios como bancos y procesadores de pagos.
Desde que Web3 despertó un gran debate en torno a 2014, otro concepto también ha cobrado protagonismo en los últimos años: el Metaverso. El término proviene de la novela Snow Crash de 1992 y ganó popularidad en otros medios, como Ready Player One en 2011.
Actualmente, "Metaverso" se refiere generalmente a entornos virtuales persistentes e interconectados donde los usuarios interactúan entre sí y con el entorno a través de dispositivos como gafas VR y AR y sistemas específicos. Considerado por empresas y desarrolladores como la próxima fase de la evolución de Internet, el concepto abarca hoy un espectro mucho más amplio de tecnologías.
La visión ha evolucionado hacia un mundo virtual integrado en el que plataformas conectadas permiten a los usuarios desplazarse libremente por entornos digitales con sus avatares personalizados. Desde espacios de entretenimiento hasta oficinas y tiendas, el Metaverso busca reproducir la vida cotidiana física en un escenario digital.
Aunque muchas de estas funciones aún están lejos de hacerse realidad, ya existen experiencias tipo Metaverso basadas en la tecnología actual. Ejemplos son los conciertos en Fortnite, las aventuras en World of Warcraft y el trabajo colaborativo en plataformas como VR Chat y Horizon Workrooms de Meta. Estos espacios virtuales reúnen a personas para actividades que normalmente se realizarían en lugares físicos. La diferencia es que cada uno funciona de forma independiente, más cerca de metaversos separados que de un único Metaverso global.
Varias empresas tecnológicas han comenzado a desarrollar sus propios metaversos, como Meta (antes Facebook), Microsoft, Nvidia, Roblox y Epic Games. En vez de un Metaverso universal como Oasis en Ready Player One, probablemente veremos múltiples metaversos compitiendo por la adopción y popularidad en distintos sectores. Si te interesa una web más descentralizada, reconocerás los mismos problemas que surgieron con Web2: unas pocas compañías con demasiado control sobre Internet. La solución a estos retos, que nos devuelve al origen, es Web3.
A primera vista, Web3 y el Metaverso ideal representan dos visiones futuras de Internet, cada una enfocada en distintos aspectos. Web3 busca una estructura web más democrática; el Metaverso, experiencias en línea más inmersivas. La diferencia radica en el enfoque: Web3 se centra en liberar el sistema, mientras el Metaverso pone el foco en la experiencia del usuario. Un World Wide Web descentralizado no implica necesariamente un Metaverso, y crear un Metaverso no democratiza por sí mismo Internet. Sin embargo, como se observa, Web3 y el Metaverso pueden complementarse eficazmente.
Como se ha señalado, el principal reto para el Metaverso (o los múltiples metaversos) es el riesgo de que unos pocos actores concentren el control de Internet. Un Metaverso auténtico construido con tecnología Web3 resuelve este problema al dar el control del mundo virtual a los usuarios. Un espacio digital 3D universal y descentralizado permite moverse libremente entre entornos, gestionando de forma segura identidad, datos y aportaciones.
Existen otros puntos de interacción entre ambos modelos. El Metaverso depende de monedas digitales para el intercambio de bienes y servicios. Web3, con tecnologías como NFT (NFT) y criptomonedas, garantiza la propiedad segura de activos y el almacenamiento de valor. Aplicaciones descentralizadas (dApps) y organizaciones autónomas descentralizadas (DAO) expanden el Metaverso y hacen posibles nuevas experiencias. Creadores y usuarios mantienen el control y deciden juntos la dirección del desarrollo. Así, Web3 se convierte en un pilar para democratizar el Metaverso.
Con las capacidades de Web3, Internet puede transformarse en un Metaverso libre de censura y de control monopolístico. Aunque ambos modelos para el futuro de Internet llevan años en desarrollo, seguimos en una fase inicial y la adopción masiva requerirá tiempo. Sin embargo, el avance tecnológico podría dar forma próximamente a un nuevo sistema que revolucione la economía global y la manera en que nos relacionamos.
No, no son lo mismo. Web3 es Internet descentralizado basado en blockchain; el Metaverso son mundos virtuales inmersivos. Aunque son distintos, están conectados: blockchain y NFT impulsan las economías del Metaverso.
Web3 impulsa el Metaverso con arquitectura descentralizada, permitiendo a los usuarios poseer activos digitales y ejercer autonomía. Los smart contracts gestionan transacciones, blockchain aporta seguridad y los tokens facilitan la economía virtual.
Usar Web3 en el Metaverso significa aprovechar la descentralización y blockchain para transacciones seguras y verificación de identidad. Entre las aplicaciones prácticas se encuentran el intercambio de activos digitales, plataformas sociales descentralizadas y economías virtuales autosostenibles.
Blockchain garantiza transparencia y seguridad en las transacciones. Los NFT validan la propiedad de activos digitales. Los smart contracts automatizan acuerdos, permitiendo a los usuarios poseer, intercambiar y monetizar bienes virtuales de forma fiable y descentralizada.
Sí: la unión de Web3 y el Metaverso transformará Internet. Este cambio dará mayor control a los usuarios, potenciará la interactividad virtual y generará nuevas economías descentralizadas, redefiniendo el entorno digital global.
La integración de Web3 y Metaverso se da en videojuegos, redes sociales virtuales, VR, AR, XR, avatares digitales y contenido 3D. Estos sectores crecen e innovan a gran velocidad.
Las plataformas Web3 del Metaverso refuerzan la seguridad con descentralización y autenticación multifactor. El anonimato protege la privacidad del usuario. La encriptación de datos y blockchain aseguran la integridad de la información. Las medidas de seguridad evolucionan conforme avanza la tecnología.
Para acceder al Metaverso Web3 se requiere normalmente una inversión inicial desde unos cientos hasta varios miles de yuanes. Con la evolución de la tecnología blockchain, se espera que las comisiones de transacción se reduzcan notablemente y finalmente lleguen a ser insignificantes.











