
La Ley de Moore es una observación empírica sobre la evolución de los chips semiconductores: establece que el número de transistores en un chip se duplica en intervalos regulares, lo que hace que la computación sea más rápida y asequible. No es una ley científica, pero la industria tecnológica la ha utilizado durante décadas para previsión y planificación.
Los transistores pueden considerarse “interruptores en miniatura” dentro de un chip; cuantos más transistores, más operaciones simultáneas puede ejecutar el chip. Un circuito integrado es, en esencia, un “chip” que alberga una gran cantidad de transistores. En las últimas décadas, la cantidad de transistores se ha duplicado aproximadamente cada 18 a 24 meses, lo que ha impulsado que ordenadores y smartphones sean más rápidos y eficientes energéticamente, y ha hecho que los servicios informáticos sean cada vez más accesibles.
La Ley de Moore es relevante porque asocia las “mejoras de rendimiento” con la “reducción de costes”, influyendo en la evolución de productos, modelos de negocio y experiencia de usuario.
Cuando la potencia de cálculo es más asequible, se amplía el abanico de aplicaciones viables, como el streaming de vídeo, el aprendizaje automático o los cálculos criptográficos. Para los desarrolladores, la Ley de Moore sirve como referencia para planificar la capacidad de los sistemas conforme a las mejoras previstas de hardware; para las empresas, la planificación presupuestaria y estratégica suele alinearse con las tendencias de costes de hardware.
La Ley de Moore incide en los costes operativos, el techo de rendimiento y las barreras de entrada de los sistemas blockchain. Afecta los requisitos de hardware para desplegar nodos, la elección de hardware de los mineros y la velocidad de cálculos criptográficos intensivos como las pruebas de conocimiento cero.
A nivel de nodo, cada uno es un ordenador dentro de la red encargado de almacenar datos y validar transacciones. Los avances en hardware permiten una sincronización más rápida de nodos completos y consultas de datos más ágiles. Para mineros o validadores, una mayor potencia de cálculo y eficiencia energética modifican la rentabilidad y la competencia. En redes de Capa 2—soluciones que procesan parte de los cálculos fuera de la cadena antes de devolver los resultados—el hardware mejorado permite agrupar transacciones y generar pruebas más rápido, lo que impacta tanto en las comisiones como en la latencia de las transacciones.
La relación es: “avances de hardware → mayor potencia de cálculo disponible → procesamiento más rápido o eficiente energéticamente”. La potencia de cómputo es la capacidad de un dispositivo para realizar cálculos: cuanto mayor, más rápido puede abordar tareas complejas.
En redes Proof of Work (PoW) como Bitcoin, los mineros compiten por recompensas de bloque ejecutando cálculos intensivos. Entre 2013 y 2017, el hardware de minería de Bitcoin pasó de CPUs/GPUs de propósito general a ASICs dedicados (Application-Specific Integrated Circuits), logrando mejoras de varios órdenes de magnitud en eficiencia energética y un rápido aumento de la tasa de hash total de la red. Aunque la evolución del hardware no depende únicamente de la Ley de Moore, el incremento de la densidad de transistores y los avances en fabricación sustentan las mejoras de rendimiento y eficiencia de los chips especializados.
La Ley de Moore reduce los tiempos de generación y verificación de pruebas de conocimiento cero al potenciar tanto el hardware generalista como el especializado. Estas pruebas permiten que una parte demuestre que posee información sin revelar su contenido, una técnica clave para la privacidad y la escalabilidad.
En 2024, la práctica del sector demuestra que la combinación de optimizaciones algorítmicas y aceleración por GPU (procesamiento paralelo con unidades de procesamiento gráfico) ha reducido la generación de pruebas SNARK/STARK por lotes de minutos a segundos o menos. Un hardware más rápido no solo agiliza pruebas individuales, sino que también hace viables las pruebas recursivas (capas anidadas de pruebas), mejorando el rendimiento y la eficiencia de costes en redes de Capa 2. La llegada de aceleradores dedicados y nuevos conjuntos de instrucciones reduce aún más la barrera para ejecutar estos algoritmos criptográficos.
El ritmo de la Ley de Moore se ha ralentizado notablemente en la última década, pero no ha “fracasado”. El sector ha pasado de añadir más transistores y aumentar las frecuencias de reloj a estrategias como el apilamiento 3D, chiplets (división de grandes chips en unidades más pequeñas e interconectadas) y aceleradores especializados.
Alrededor de 2005, se hizo evidente que aumentar la frecuencia de los chips manteniendo el consumo energético bajo estaba llegando a su límite. Desde entonces, las mejoras dependen más del procesamiento multinúcleo, innovaciones arquitectónicas y miniaturización de procesos. Tras 2020, los procesos avanzados de fabricación han seguido progresando, pero cada vez están más limitados por costes y tasas de rendimiento. Para Web3, esto significa que el avance del hardware continúa, pero depende cada vez más de optimizaciones sistémicas y no solo del aumento de frecuencia.
La Ley de Moore contribuye a la escalabilidad al hacer las máquinas más potentes; sin embargo, la escalabilidad de blockchain depende sobre todo del diseño de protocolos y arquitecturas. Escalar significa aumentar el rendimiento de transacciones de un sistema manteniendo la seguridad y la descentralización.
Por ejemplo, la actualización Dencun de Ethereum en 2024 introdujo la EIP-4844 (proto-danksharding), que emplea canales de “blob data” más económicos para reducir los costes de la Capa 2. Estas soluciones no dependen de una potencia ilimitada de los nodos, sino que reestructuran el cálculo y el flujo de datos para lograr mayor eficiencia, con las mejoras de hardware aportando beneficios adicionales. Así, los avances en hardware marcan los límites superiores de rendimiento, mientras que la innovación en protocolos redefine el uso de los recursos.
Para los usuarios, la Ley de Moore indica que son posibles aplicaciones más rápidas y comisiones más bajas, aunque estos beneficios no llegan de inmediato y conllevan elecciones y riesgos.
Primero: Al elegir redes o herramientas, fíjate en las soluciones de Capa 2 y sus estructuras de comisiones. A medida que la generación de pruebas y los canales de datos se agilizan, las tarifas de transacción pueden ir disminuyendo progresivamente.
Segundo: Si operas nodos o participas en minería, evalúa si tus inversiones en hardware se corresponden con los costes eléctricos; evita comprar equipos a ciegas solo porque “el hardware es más potente”.
Tercero: Supervisa las mejoras de rendimiento en monederos y herramientas de privacidad; el hardware más reciente puede permitir operaciones criptográficas más rápidas, pero siempre evalúa la seguridad y los costes de mantenimiento antes de utilizarlo.
Cuando inviertas o adquieras hardware, ten en cuenta los riesgos: la volatilidad de precios, los cambios en algoritmos o protocolos y la incertidumbre del mercado pueden afectar los resultados.
El futuro se perfila como una “Ley de Moore compuesta”: ahora el progreso proviene de la miniaturización de procesos, el apilamiento 3D, la interconexión de chiplets, GPUs y aceleradores especializados trabajando conjuntamente. En 2024, el número de transistores sigue aumentando, pero a ritmos desiguales; la mayoría de las mejoras computacionales se logran mediante paralelismo y especialización.
En Web3, los avances en aceleración de pruebas de conocimiento cero, optimización de bases de datos y almacenamiento, y mejoras de ancho de banda potenciarán la experiencia de usuario. En vez de esperar que una sola curva de rendimiento continúe indefinidamente, es preferible centrarse en la eficiencia global del sistema: combinar mejoras algorítmicas, optimizaciones de compiladores, estrategias de procesamiento por lotes y aceleración por hardware para obtener beneficios constantes en coste y rendimiento.
La Ley de Moore no es una ley física, sino una observación sectorial: “los chips se hacen más potentes con el tiempo y la potencia de cómputo se abarata”. Su ritmo se ha ralentizado, pero la potencia de cálculo global sigue creciendo gracias al apilamiento 3D, chiplets, procesamiento en paralelo y aceleradores especializados. Para Web3, los avances en hardware pueden reducir los costes de operación de nodos y generación de pruebas, pero la escalabilidad real depende de la innovación en protocolos y arquitectura. Tanto usuarios como profesionales deben ver la Ley de Moore como una tendencia, no como una garantía, y valorar cuidadosamente el riesgo frente a la recompensa al invertir en dispositivos o elegir redes.
La Ley de Moore determina directamente la evolución del rendimiento blockchain: el aumento exponencial de la potencia de cálculo de los chips eleva la dificultad de minería y proporciona la base de hardware para soluciones de escalado de Capa 2 y cálculos complejos como las pruebas de conocimiento cero. Para los inversores, comprender la Ley de Moore ayuda a valorar el potencial a largo plazo de la tecnología blockchain y la sostenibilidad de distintos mecanismos de consenso. En definitiva, es un punto de referencia esencial para seguir el progreso tecnológico en cripto.
Una ralentización de la Ley de Moore implica que el rendimiento de los chips crece más despacio, lo que podría limitar la escalabilidad de las redes blockchain y las mejoras en la velocidad de las transacciones. Para los poseedores de tokens, esto podría restringir las oportunidades de optimización de comisiones de gas y aumentar los tiempos de congestión de la red. No obstante, no es motivo de preocupación excesiva: el sector ya investiga alternativas como la computación cuántica y nuevas arquitecturas de chips; exchanges como Gate también optimizan soluciones de Capa 2 para abordar cuellos de botella de rendimiento.
Gracias a los efectos continuos de la Ley de Moore, tu experiencia de transacción es mucho mejor que hace cinco años: las confirmaciones son más rápidas, las comisiones de gas más bajas y las aplicaciones de monedero funcionan de forma más fluida. Esto se debe a que el mejor rendimiento de los chips hace más eficientes las operaciones de los nodos y reduce los costes de computación en la cadena. En definitiva: la Ley de Moore es una fuerza invisible que hace el ecosistema cada vez más accesible.
La Ley de Moore tiene un doble filo: por un lado, un mejor rendimiento de los chips permite a los mineros validar transacciones más rápido, reforzando la seguridad de la red; por otro, tecnologías emergentes como la computación cuántica podrían amenazar los algoritmos criptográficos actuales. Por ello, el sector desarrolla criptografía resistente a la computación cuántica para mitigar riesgos futuros. Comprender esta relación te ayuda a valorar la seguridad a largo plazo de tus activos.
La Ley de Moore sigue reduciendo los costes de la tecnología blockchain y aumentando el rendimiento, lo que favorece nuevos casos de uso. Puedes seguir sectores emergentes que dependen de la computación de alto rendimiento (como aplicaciones ZK-proof o integraciones IA-blockchain) y construir posiciones progresivamente en plataformas como Gate. Además, revisa periódicamente si las cadenas o monederos que utilizas se mantienen al día con las mejoras de rendimiento.


