Según Jin10, la política de extrema derecha francesa Marine Le Pen anunció su regreso con una candidatura presidencial el 15 de julio, lo que llevó a las instituciones de inversión a seguir evitando los bonos del gobierno francés. Los analistas citan como preocupaciones clave el empeoramiento de las condiciones fiscales y la posible fragmentación política derivada de la elección en un país que ya está lastrado por una deuda elevada y un crecimiento débil. Las encuestas muestran a Le Pen liderando la carrera del próximo año para suceder al presidente Macron, y su creciente apoyo dificultará aún más que el gobierno actual controle el gasto.
Los gestores de inversiones advierten que Le Pen pone menos énfasis en la disciplina fiscal, lo que pone en riesgo la persistencia de unos diferenciales de rendimiento elevados entre la deuda soberana francesa y la alemana. Con la ratio deuda/PIB de Francia ya cerca del 120%, los participantes del mercado temen que sus políticas fiscales populistas puedan complicar aún más los esfuerzos de consolidación de la deuda del país.