
Un benchmark es un punto de referencia empleado para evaluar el rendimiento de una inversión y determinar si tus rendimientos y riesgos están alineados con el mercado en general. Es, en esencia, una “vara de medir” que indica si superas, igualas o quedas por detrás del mercado.
En finanzas tradicionales, muchos fondos de renta variable utilizan índices como el S&P 500 como benchmark. Un índice representa el “nivel medio de una cesta de activos” y agrupa varias acciones bajo reglas específicas para reflejar el mercado global. En inversiones cripto, el precio de BTC o ETH, o los índices compuestos que engloban múltiples tokens, son benchmarks habituales.
Sin un punto de referencia, resulta complicado evaluar el rendimiento. Los benchmarks permiten distinguir si los beneficios proceden del crecimiento del mercado o de tu estrategia concreta.
Por ejemplo, si tu cartera obtiene un 10 % y el benchmark del mercado sube un 15 %, en realidad te quedas atrás. Por el contrario, si el mercado cae y tú logras mantenerte o perder menos, tu estrategia aporta valor. Los benchmarks también facilitan la gestión del riesgo al mostrar si tu volatilidad es mucho mayor que la del mercado y si debes ajustar tus posiciones.
Los benchmarks emplean activos o carteras representativas para reflejar el “nivel medio” de un mercado o estrategia. Al comparar tus resultados con ese nivel, mides tu “rendimiento relativo”.
Normalmente, se elige el benchmark que mejor represente tu mercado objetivo. Por ejemplo, las carteras spot de criptomonedas suelen compararse con BTC o una cartera ponderada BTC+ETH. La evaluación de resultados no solo considera los retornos, sino también la volatilidad y el drawdown. El drawdown mide la caída desde el máximo al mínimo, lo que indica la tolerancia al riesgo; para retornos similares, menores drawdowns suponen mayor estabilidad.
Los benchmarks pueden clasificarse según su uso y composición. Los tipos más habituales son:
En Web3, los benchmarks funcionan como referencias de precios y herramientas para evaluar la estabilidad de las estrategias y la exposición al riesgo.
En carteras spot, BTC o BTC+ETH pueden usarse como benchmarks para seguir tu “alpha” (rendimiento superior al benchmark). Si tu rentabilidad anual supera al benchmark, tu estrategia aporta valor añadido.
En DeFi, las estrategias de staking o préstamos pueden medirse frente a los retornos anualizados medios de préstamos con stablecoins para valorar si tus rendimientos justifican asumir un riesgo adicional de smart contract.
En inversiones NFT, el “floor price” (precio mínimo de venta) es el benchmark de una colección, lo que te permite evaluar cómo se comportan tus activos frente al mercado global.
La elección del benchmark debe ajustarse a tu clase de activo, tolerancia al riesgo y horizonte de inversión.
Paso 1: Define el alcance de los activos. Para carteras spot de criptomonedas, selecciona un benchmark del mercado cripto como BTC, BTC+ETH o un índice compuesto. Para carteras multi-activo, escoge un benchmark que abarque todas las clases relevantes.
Paso 2: Ajusta los niveles de riesgo. Si la volatilidad de tu cartera es mucho mayor o menor que la del mercado, considera un benchmark de estrategia con un perfil de riesgo similar (por ejemplo, carteras ponderadas por igual o por capitalización) para evitar comparaciones inadecuadas.
Paso 3: Alinea con el horizonte de inversión. Las estrategias a corto plazo pueden requerir benchmarks más sensibles (como índices de alta volatilidad), mientras que las posiciones a largo plazo deben usar benchmarks de mercado estables y representativos.
Paso 4: Utiliza los datos de la plataforma. En la página de mercados de Gate, puedes superponer la curva de tu token seleccionado con BTC o ETH como benchmark; en la sección de wealth, consulta las tasas anualizadas históricas de productos con stablecoins para emplearlas como benchmarks de rentabilidad en tus estrategias pasivas.
La evaluación debe considerar tanto la rentabilidad como el riesgo y la estabilidad del proceso.
Paso 1: Calcula el retorno relativo. Resta el retorno del benchmark al de tu cartera para obtener el “alpha”. Un alpha positivo y estable indica una estrategia eficaz.
Paso 2: Observa drawdowns y volatilidad. Compara tu drawdown máximo con el del benchmark; si los retornos son similares y tu drawdown es menor, tienes mejor control del riesgo.
Paso 3: Evalúa la estabilidad. El tracking error mide la volatilidad de las diferencias entre tu cartera y el benchmark; diferencias menores y más estables reflejan mejor alineación o desviación controlada. Si buscas superar al benchmark (alpha), evita desviaciones grandes e impredecibles.
Paso 4: Considera retornos ajustados al riesgo. Métricas como el Ratio de Sharpe (“retorno por unidad de volatilidad”) te ayudan a determinar si logras mayores retornos con igual o menor riesgo, lo que caracteriza un rendimiento superior.
Un índice es el “nivel medio de una cesta de activos construida por reglas”, mientras que un benchmark es un “punto de referencia para la comparación”. Aunque los índices suelen emplearse como benchmarks, no son conceptos idénticos.
No todos los benchmarks son índices. Puedes crear un benchmark personalizado como “60 % BTC + 40 % ETH” o emplear los retornos anualizados medios de préstamos con stablecoins como benchmark de rentabilidad; estos no son índices tradicionales, pero pueden ajustarse mejor a tu estrategia y objetivos.
Un benchmark es la “vara de medir” de la inversión para determinar si los rendimientos y riesgos son razonables. Escoge benchmarks acordes a tu clase de activo, perfil de riesgo y horizonte de inversión; evalúa no solo los retornos superiores, sino también los drawdowns y la estabilidad. Aunque los índices suelen usarse como benchmarks, no siempre son equivalentes; los benchmarks personalizados pueden adaptarse mejor a tu estrategia. En Web3, los benchmarks ayudan a alinear precio, retorno y riesgo sobre una referencia común, facilitando la toma de decisiones al comparar datos de mercado y rentabilidad en plataformas como Gate. Presta siempre atención a los riesgos derivados de desajustes, problemas de calidad de datos y alta volatilidad al gestionar tu capital.
El año base es un punto de referencia para medir cambios a lo largo del tiempo, normalmente fijado en 100. Por ejemplo, si 2020 es el año base (valor = 100) y los datos de 2021 son 110, esto indica un aumento del 10 % respecto al año base. En inversión, los años base ayudan a visualizar rápidamente tendencias de crecimiento en activos o índices.
“Datum” es latín para “punto de dato” y se refiere en finanzas a un “dato de referencia” o “valor de referencia”. Es la base de los sistemas comparativos, permitiendo evaluar el rendimiento real frente a objetivos. Entender datum ayuda a comprender la esencia de los benchmarks: sirven como puntos de referencia objetivos.
Puedes ver el benchmark como la “nota de corte” en un boletín de calificaciones. Tu rentabilidad es tu puntuación; el benchmark es la nota mínima. Al compararlos, ves si superas al mercado. Por ejemplo, si un fondo de renta variable usa el índice CSI 300 como benchmark y tu rentabilidad lo supera, significa que has elegido bien tus acciones.
Cada producto de inversión tiene riesgos y características de mercado propios; usar el mismo benchmark para todos no es adecuado. Por ejemplo, los fondos de bonos deben evaluarse frente a índices de bonos, no de acciones, para reflejar correctamente el desempeño del gestor. Un benchmark adecuado garantiza una evaluación justa del rendimiento.
La inversión en Web3 carece de índices estándar consolidados, por lo que puedes construir benchmarks con índices de monedas principales (como índices ponderados de BTC o ETH) e índices sectoriales. En plataformas como Gate, revisa los datos de varios índices y selecciona índices DeFi, de Layer2 o de cadenas públicas que se ajusten a tu estrategia de inversión.


